Lenin como cabeza representante del capitalismo europeo en Rusia




Lenin escribió en 1899 El desarrollo del capitalismo en Rusia para intentar examinar la conformación económica del mercado interior ruso. En dicha obra nos encontramos con el mejor Lenin, el que todavía no se había subido al tren del poder. Allí deja muestras concretas de su honestidad intelectual. Dice sin tapujos que su revolución (todavía no sabía que él la dirigiría) sería inevitablemente burguesa. Pero como si no fuera poco, en dicha obra, Lenin es capaz de criticarse a sí mismo por algo que todavía no había hecho, el citar a Marx a lo loco para justificar caracterizaciones que corresponden a tiempos y hechos históricamente diferentes. Por ejemplo, la revolución rusa no fue socialista como luego, ya en el poder, se animó a defender a capa y espada, también le erró sin ruborizarse sobre el campesinado, el cual no era contrarrevolucionario sino, todo lo contrario, era más tendiente al comunismo que la vanguardia proletaria casi inexistente. Lenin, a diferencia de Marx, solo tenía una visión europea para la salida revolucionaria, nunca entendió la consistencia real del campesinado ruso, y hasta llegó a afirmar en esta obra que el capitalismo ya se había abierto camino en Rusia, lo cual hizo que Lenin se pasara por alto las auténticas peculiaridades precapitalistas dominantes de la estructura socioeconómica rusa, y que daban cuenta (y Marx lo sabía) que ese campesinado en particular –el ruso- planteaba la posibilidad de llegar al comunismo por otra vía que no fuera la capitalista. Es Lenin quien se olvida de su maestro (Marx), quien había indicado metodológicamente que se debe partir del concepto general del capital y concretar, dentro del contexto mundial, el análisis de cada país, por lo que no es lícito subsumir las relaciones precapitalistas dominantes en la descomposición rusa –con una superficie capitalista- bajo la lógica de esencias de El Capital. Es decir, comete el mismo error que los “pedantes” que denunciaba antes de la revolución. Este libro significó la sentencia de muerte de millones de campesinos, debido a que su afirmación de que en Rusia supuestamente predominaban las condiciones capitalistas de producción iba a ser utilizada como todo un argumento de autoridad, que al provenir del padre de la revolución rusa se instalaría como un verdad indiscutida, o como les gusta decir los trotskitas modernos, el debate estaría saldado . Este grueso yerro en la caracterización, sustentada en meras estadísticas y una tergiversación de la teoría marxista, condujo a atribuir a todas las formas intermedias y transitorias de producción que había en Rusia el calificativo de capitalistas. Así, Lenin y sus discípulos se ahorraron un montón de problemas, ya que de un plumazo desaparecieron las contradicciones concretas de estas formas y las luchas de clase que las representan. 
Pero leamos a Lenin de su propia pluma para constatar que ese “socialismo” del que tanto nos hablan los leninistas y trotskistas es un proyecto político y una experiencia histórica que está cargada de lecciones plagadas de problemas sin resolver:

“Por otra parte, tanto en el curso de la revolución como en el carácter de los diversos partidos políticos y en numerosas corrientes ideológicas y políticas, se manifiesta la estructura de clase, internamente contradictoria, de estas masas, su índole pequeño burguesa [se está refiriendo a los campesinos], el antagonismo existente entre las tendencias de propietario y de proletariado en el seno de la misma. Las vacilaciones del pequeño propietario empobrecido, entre la burguesía contrarrevolucionaria y el proletariado revolucionario, son tan inevitables, como lo es un fenómeno observado en toda sociedad capitalista: una minoría insignificante de productores pequeños se enriquecen, se hacen gente y se convierten en burgueses, mientras que la enorme mayoría cae en la completa ruina y se convierte en obreros asalariados o en depauperados, o lleva una vida que raya siempre en la situación de proletarios. La base económica de ambas tendencias en el seno del campesinado queda demostrada en esta obra.
A partir de esta base económica, se comprende que la revolución en Rusia es, INEVITABLEMENTE, UNA REVOLUCIÓN BURGUESA (las mayúsculas son mías). Esta tesis marxista es en todo sentido, irrefutable. No se la debe olvidar jamás. Siempre hay que aplicarla al análisis de todos los problemas económicos y políticos de la revolución rusa.
Pero es necesario saber aplicarla. El análisis concreto de la situación y de los intereses de las diversas clases debe servir para determinar el significado exacto de esta tesis al ser aplicada a tal o cual cuestión. Mientras que el método inverso de razonar, que observamos no pocas veces entre los socialdemócratas del ala derecha, encabezados por Pléjanov, es decir, la aspiración de hallar respuestas a las cuestiones concretas en el simple desarrollo lógico de la máxima general sobre el carácter fundamental de nuestra revolución, es un envilecimiento del marxismo y una mera burla del materialismo dialéctico. De esa gente, de los que por ejemplo, extraen la conclusión del papel dirigente de la burguesía en la revolución, o de la necesidad de que los capitalistas apoyen a los liberales, partiendo de la premisa general sobre el carácter de esta revolución, de gente así, Marx repetiría probablemente la cita de Heine, ya mencionada por él en otra ocasión: ‘he sembrado dragones y he cosechado pulgas’.
Sobre la base económica dada, la revolución rusa tiene dos caminos fundamentales, objetivamente posibles, de desarrollo y desenlace:
O bien la antigua economía terrateniente, ligada por millares de lazos al derecho de servidumbre, se conserva, transformándose poco a poco en una economía puramente capitalista, de tipo junker. Y en ese caso la base del tránsito definitivo del sistema de pago en trabajo, al capitalismo, es la transformación interna de la economía terrateniente basada en la servidumbre; y toda la estructura agraria del país, al convertirse en capitalista, conserva aún por mucho tiempo los rasgos de la servidumbre. O bien la revolución rompe la antigua economía terrateniente, destruyendo todas las supervivencias de la servidumbre y, ante todo, la gran propiedad terrateniente. Y en ese caso la base del tránsito definitivo del sistema de pago en trabajo al capitalismo es el libre desarrollo de la pequeña explotación campesina, que recibe un enorme impulso gracias a la expropiación de las tierras de los terratenientes en favor de los campesinos; y todo el régimen agrario se convierte en capitalista, puesto que la diferenciación del campesinado se realiza con tanta mayor rapidez, cuanto más radicalmente son eliminados los resabios de la servidumbre. En otras palabras: o bien se conservan la masa principal de la propiedad de los terratenientes y los principales pilares de la vieja superestructura; y de ahí el papel preponderante del burgués liberalmonárquico y del terrateniente, el rápido paso a su lado de los campesinos acomodados, la degradación de la masa de campesinos, que no solo es expropiada en vasta escala, sino que, además, es esclavizada por los distintos sistemas de rescate propuestos por los kadetes, y oprimida y embrutecida por el dominio de la reacción. Los albaceas de semejante revolución burguesa serían los políticos del tipo de los octubristas. O bien son destruidos la propiedad de los terratenientes y todos los pilares principales de la vieja superestructura correspondiente; y de ahí el papel predominante del proletariado y de la masa de campesinos, con la neutralización [lo cual indica que no la quiere derrotar sino convivir con ella] de la burguesía vacilante o contrarrevolucionaria; el desarrollo más rápido y libre de las fuerzas productivas, sobre la base capitalista, con la mejor situación posible –en la medida en que es posible, en general dentro de la productividad mercantil- de las masas obreras y campesinas. Y de ahí la creación de las condiciones más favorables para la posterior realización, por la clase obrera, de su verdadera misión fundamental, la de la transformación socialista. Naturalmente, son posibles las más variadas combinaciones de los elementos de tal o cual tipo de evolución capitalista, y solo los pedantes incorregibles pretenderían resolver las cuestiones peculiares y complicadas, que surgen en tales casos, solo por medio de citas de alguna que otra opinión de Marx referente a una época histórica distinta".

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