El origen del partido bolchevique y del sectarismo
Lenin propuso una forma organizativa para el partido revolucionario (forma que adoptó luego el partido bolchevique) partiendo del objetivo de combatir al zarismo despótico. Es decir, un partido revolucionario de tendencia conspirativa que centralizara todo el poder en el comité central. Ahora bien, viéndolo en perspectiva histórica, el partido así entendido fue ideológicamente unitario y cerrado en sí mismo, característica que en nada tenía que envidiarle a la lógica del zarismo. El problema de este tipo de organización, basada en el centralismo democrático, es que está orientada en el partido y no en la clase (recordar que Lenin fue un burgués muy particular, ya que el zarismo oprimía a esa burguesía débil rusa). Según Lenin la clase tiene que colaborar con las decisiones de los únicos capaces de encontrar salida, los dirigentes del partido. Por eso, los intereses del campesino y obrero en la revolución rusa no fueron analizados desde la realidad, sino desde fuera, desde los ojos de una inteligencia burguesa.
Por otro lado, con este tipo de organización partidaria no puede haber una relación dialéctica entre los únicos jefes y las masas, ya que los dirigentes como Lenin partían del desprecio a ellas, las cuales eran solamente atrasadas y supuestamente nada podían aportar a la revolución. Por lo tanto, los bolcheviques nunca podrían haber aprendido de las masas porque no estaban en condiciones de escucharlas. Como decía Marx, el educador debe ser educado, y estos muchachos con Lenin a la cabeza parece que nacieron educados y solo podían ver a las masas como objetos y no como sujetos.
Hay que decirlo, con el centralismo democrático se instala en el mundo el sectarismo político, principal causante de las miles de derrotas en el movimiento obrero mundial. Lenin es uno de sus principales artífices.
En el mundo ya no hay zarismo, pero todos los partidos leninistas y trotskistas siguen organizándose de semejante forma, es más, hasta tienen diputados en el parlamento burgués, lo que plantea aún más el absurdo de semejante construcción sectaria.
Pero vayamos a extractos del principal texto de Lenin sobre el asunto, vayamos a la Carta a un camarada sobre nuestras tareas de organización, escrita en 1902, para dar cuenta que Lenin es un gran estratega burgués, pero también un traidor de la clase obrera y campesina, un obstáculo teórico y práctico para el socialismo:
“Todo el arte de la organización conspirativa debe consistir en saber utilizar a todos y todo, en dar trabajos a todos, y al mismo tiempo mantener la dirección de todo el movimiento, no por la fuerza del poder, se entiende, sino por la de la autoridad, de la energía, por la mayor experiencia, variedad de conocimiento y talento. Esta observación sale al paso de la posible y común objeción de que una centralización estricta puede echarlo a perder todo con suma facilidad si por casualidad el cargo principal es ocupado por una persona que no se halla a la altura del enorme poder concentrado en sus manos. Claro está que esto puede ocurrir, pero el remedio no puede ser la electividad y la descentralización, en absoluto inadmisibles en proporciones de cierta amplitud e inclusive directamente perjudicial para el trabajo revolucionario que se realiza bajo la autocracia.
[…]
llegamos ahora a un principio muy importante en toda la organización y las actividades del partido: si en lo referente a la dirección ideológica y práctica del movimiento y de la lucha revolucionaria del proletariado es necesaria la mayor centralización posible, en lo que respecta a mantener informado al centro del partido (y por consiguiente a todo el partido en general) sobre el movimiento, y en lo que se refiere a la responsabilidad ante al partido se impone la mayor descentralización posible. El movimiento debe ser dirigido por el menor número posible de los grupos más homogéneos de revolucionarios profesionales templados por la experiencia. Pero en el movimiento deberá participar el mayor número posible de los grupos más diversos y heterogéneos, reclutados entre las capas más diversas del proletariado (y otras clases del pueblo). […]
Esta descentralización es un requisito esencial para la centralización revolucionaria y un correctivo esencial de ella. […]
[…]
para que el centro pueda trabajar bien es necesario que los comités locales se reorganicen; deben convertirse en organizaciones especializadas y más ‘prácticas’, y alcanzar una verdadera perfección en una u otra esfera específica. Para que el centro pueda no solo aconsejar, convencer y discutir (como lo ha hecho hasta ahora), sino dirigir realmente la orquesta, es menester que se sepa con precisión quién toca cada violín, cómo y dónde aprendió o aprende a tocar su instrumento; quién desafina, dónde y por qué (cuando la música comience a sonar mal); cómo, a dónde y a quién hay que trasladar para corregir las disonancias, etc.

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