Una revolución "obrera" que masacró obreros no puede ser socialista
Veamos qué tan defensores de la lucha obrera son nuestros compañeros leninistas y trotkistas, que alardean una superioridad política por sobre el resto de los mortales. Veamos hasta qué punto defienden a los obreros de la represión y bajo qué circunstancias. Hoy no están en el poder, pero siguen disputándolo, convencidos que en su magma político no existe ninguna contradicción con los intereses obreros y campesinos. Es más, se presentan como los únicos y verdaderos defensores de dichas clases sociales. El resto, somos todos pequeñoburgueses y contrarrevolucionarios. Pero vayamos a un punto clave de su historia “revolucionaria” y que nos sirve de termómetro del valor real de su política, y veamos qué terminaron haciendo los bolcheviques con los obreros y campesinos que tanto “amaban”. Vayamos a 1919 y cómo combatían a los “contrarrevolucionarios” de manera “heroica”, para ello utilicemos un texto de P. Silin, miembro del Partido Revolucionario Socialista que escribió sus recuerdos en septiembre de 1920 en Moscü.
K. Miekonochin, miembro del Comité central Ejecutivo panruso de los soviets de delegados de obreros, campesinos, Ejército Rojo y cosacos, miembro del consejo de guerra revolucionario de la República, presidente del Comité del frente del mar Caspio, etc (ya saben de dónde viene esa práctica nihilista de sacar chapa y credenciales en el trotskismo) firmaba el comunicado oficial que “justificaba” el ametrallamiento de obreros de Astrakán:
“El 10 de marzo de 1919, a la diez de la mañana, los obreros de las fábricas Vucán, Etna, Cáucaso y Mercurio, tras una señal de alarma de la sirena, suspendieron el trabajo y se amotinaron. Tras haber sido conminados por los representantes de los poderes para que se disolvieran, los obreros se negaron y continuaron reunidos. Cumplimos entonces nuestro deber revolucionario y recurrimos a las armas…”
Eran 10 mil obreros que se habían reunido PACIFÍCAMENTE para deliberar sobre su penosa situación material. Es cierto que la guerra civil, la contrarrevolución hacían estragos, pero aquí se va a terminar demostrando en los hechos que a los bolcheviques lo único que les importaba realmente era no perder el poder central de la revolución rusa, o sea, el poder del partido y no que la clase obrera y campesina la pierda.
Contextualicemos aquel “deber revolucionario” de defender la revolución obrera y campesina, llamada por otros como la Masacre de Astrakán. Como enclave importante en la desembocadura del Volga, Astrakán, es madre del proletariado en el sur de la Rusia europea. Las organizaciones socialistas fueron barridas ya para 1918, el odio bolchevique a los socialistas era real y tan fuerte que todos los socialistas que se salvaron del fusilamiento abandonaron Astrakán.
Las fábricas metalúrgicas de Astrakán, El Cáucaso y Mercurio, Vulcán, Etna, etc., habían sido militarizadas, los obreros sometidos a una disciplina militar. Después de la proclamación del monopolio del trigo y de la supresión del libre comercio de los víveres, la ciudad de Astrakán, que siempre había vivido del trigo importado, se halló de pronto en el más cruel dilema. Desde la socialización de las pesquerías y la ejecución de los principales piscicultores, esta ciudad rica en pescado llegó incluso a carecer de arenques (peces forrajeros), cuyo comercio fue prohibido bajo pena de detención tanto de vendedores como de compradores.
En 1918, los habitantes de Astrakán fueron suministrados, en cuanto estuvo en su mano, por los marinos de la flota fluvial, pero desde el comienzo del invierno (enemigo no previsto por los bolcheviques nunca) la llegada de los víveres vendidos libremente cesó casi por completo. Alrededor de Astrakán, a lo largo de los ferrocarriles y las carreteras, se situaron destacamentos de registro. Los víveres eran confiscados, vendedores y compradores fusilados. Astrakán, rodeado de trigo y de pescado, perecía de hambre. La ciudad era como una isla cuyos habitantes mueren de sed en medio de un mar de agua potable (no es muy diferente a lo que ocurre en el capitalismo).
A partir de enero de 1919, los obreros de Astrakán se vieron amenazados no por la contrarrevolución, sino por un enemigo más real (mucho de lo contrarrevolucionario era pretexto para liquidar cualquier oposición), el hambre. El poder local les concedió el derecho de comprar libremente géneros alimenticios, pero el gobierno central, descontento con esta política conciliadora, llamó a Moscú al jefe de la región, Chliapnikov y nombró en su lugar a K. Miekonochin. En lugar de la esperada autorización, lo que vino fue una lluvia de vejaciones y represiones. Una orden del día, proclamaba en las fábricas, exigía de los obreros el máximo rendimiento. Hambrientos, cansados,amargados, después de sus trabajos, los obreros se veían obligados a hacer cola en las puertas de las panaderías para obtener 50 gramos de pan.
Cada una de estas concentraciones de obreros se fueron convirtiendo en verdaderos mítines que intentaban buscar soluciones para dicha situación insostenible. El Poder, que evidentemente ya no era de los obreros ni campesinos, movilizó patrullas especiales encargadas de dispersar los mítines improvisados (recuerde aquí el lector que los troskos suelen hablarnos de la grandiosidad de participar en este tipo de organizaciones de base). Los obreros más activos fueron detenidos (hoy los leninistas y trotskistas hablan maravillas de todo aquel combativo activista dentro de la fábrica). Sin embargo, la situación del abastecimiento empeoraba, las represiones se hacían cada vez más violentas, y a finales de febrero de 1919, después de reelegir el Consejo de Administración de su Unión, los obreros del Metal hablaron resueltamente de declarar la huelga. En los últimos días de febrero, en la sesión común del Consejo provincial de las Uniones Profesionales y de los comités de fábrica, el representante de los marinos de la flota del Volga declaró a los obreros que, en caso de huelga, los marineros no actuarían contra los obreros (esto era ya un precedente de lo que iba a ocurrir en Kronstadt). A partir de las primeras jornadas de marzo, el trabajo casi había cesado en las fábricas. En todas partes se discutían las reivindicaciones a presentar al Poder. Se decidió pedir el restablecimiento provisional (hasta la solución de las dificultades de abastecimiento) del libre comercio del trigo, así como la libertad de pesca. Sin embargo, la revolución que afirmaba que el terror comunista solo iría dirigido al enemigo de la clase obrera, alcanzó a bañar en sangre a miles de obreros y campesinos en Astrakán. La historia del movimiento obrero tiene a una de sus peores tragedias en un gobierno “socialista”, la tragedia de Astrakán, donde miles de trabajadores fueron acorralados en las fábricas, acribillados y bombardeados, y los sobrevivientes perseguidos hasta las rodillas de los “blancos”.
Unos años después, en 1921, aquel pedido desesperado de estos trabajadores y campesinos, que murieron o quedaron totalmente atemorizados y silenciados, quedó demostrado que no era para nada “contrarrevolucionario”, sino que era una medida necesaria frente a la contradicción de centralizar el poder y presentar al partido revolucionario frente a las masas como el sujeto revolucionario por excelencia. La NEP les terminaría dando la razón a las víctimas de aquella tragedia, pero también iría dando razones concretas y verificables de que una revolución con bolcheviques nunca puede terminar en comunismo.
Me pregunto qué le pasa hasta aquí por la cabeza del leninista y troskista moderno cuando lee sobre esta historia, ¿será que todavía cree que estos obreros “astrakanianos” debían fusilarse a sí mismos para darles un poco de respiro al comité central que tan atareado estaba con la defensa de la revolución?

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